Acompañado de la primera banda que lo vio crecer como uno de los exponentes más reconocidos del rock en español, el multifacético Enrique Bunbury se presentó en Chicago, para remover recuerdos que estuvieron enterrados durante dos décadas. El oriundo de Zaragoza, España, hizo un recorrido entre su discografía de antaño, hasta su más reciente producción “Cuentas Pendientes”. Los asistentes se movieron al ritmo de las canciones y corearon cada uno de los temas, lo que da cuenta que Bunbury sigue conquistando los escenarios, porque tierra que pisa, es tierra que logra dominar con sus interpretaciones.
CHICAGO, IL.- Eran las 8:36 de la noche, cuando en el Huntington Bank Pavilion emanaron unas luces rojas que iluminaron el escenario. La gente alrededor enloqueció; ropas desde tonalidades blancas, grises y negras rezaban la misma leyenda: “Bunbury”, y como si se tratara de una ceremonia religiosa, en punto de las 8:50, retumbaron tres campanadas. Fue entonces, cuando el panorama cambió y “Otto E mezzo” sonó.

Un traje cobre perfectamente coordinado apareció y un remolino de emociones revolcó los corazones de los asistentes, pues el huracán ambulante, golpeó y removió recuerdos que estuvieron guardados durante 20 años.
“El Club de los imposibles”, canción que vio la luz en 2002, hizo que los fanáticos de uno de los más grandes exponentes del rock en español, Enrique Bunbury, se levantaran de sus asientos e hicieran oídos sordos a las indicaciones de los guardias de seguridad.
Durante la interpretación de la melodia, Enrique se acercó a Ana Belén Estaje (violín) y proyectó complicidad con los demás miembros del Huracán Ambulante. Tras entonar El Club de los Imposibles, Bunbury saludó al público: “muy buenas noches, el Huracán Ambulante presente en la Ciudad de Chicago”, y la multitud estalló entre aplausos y gritos.
Posteriormente, el músico español, causó euforía al pronunciar la frase: “Bienvenidos al cabaret…”, lo anterior para hacer alución al disco que se grabó en directo en el 2000, en la Ciudad de México, e interpretó el tema “De mayor”. Canciones como “El extranjero” y “Desmejorado” también formaron parte del repertorio. Además de las canciones de antaño, el cantante, entonó ante su público “Te puedes a todo acostumbrar” y sorprendió con movimientos al ritmo de cumbia, los cuales incitaron al auditorio a moverse para disfrutar de la presentación.
Un Bunbury emocionado, no perdió el toque y en cada oportunidad que tuvo, interactuó con su público, en cada espacio musical, aprovechó para agradecer la asistencia de sus más fieles seguidores, pues no solo residentes de Chicago se dieron cita en el concierto; gente oriunda de México, Canadá y de otros países latinos, así como personas de otras ciudades de Estados Unidos, no abandonaron al compositor español.
Al pasar 30 minutos desde su primera aparición en el escenario, Enrique, se quitó el saco y el violín de Ana Belén Estaje se adueñó de la atmósfera, el señor Copi Corellano, dio cátedra de su experiencia en los teclados y con una sonrisa de oreja a oreja, en conjunto con Del Morán (bajo), Ramón Gacías (batería), Javier Íñigo (trompeta), Luis Miguel Romero (percusión), Jordi Mena (guitarra) y Javier Vega (trombón y guitarra española), el músico español abrió la puerta a “Solo si me perdonas”, en donde además, hizo performance de la melodía: se hincó y pidió perdón; posteriormente, ante un público entregado, juntó las palmas una y otra vez al ritmo de la canción, para después soltar la frase “sólo si me perdonan”.
“Infinito” y “Para llegar hasta aquí”, fueron el puente para que Enrique Bunbury hiciera uso de la palabra, para recordar que durante sus inicios como solista en 1997, en compañía de El Huracán Ambulante, lanzó al mercado “Radical Sonora”, cuyo contenido incluye “Big Bang”, canción que corearon con felicidad los “eternos bunburyanos”, término que se han acuñado los seguidores del oriundo de Zaragoza, España.
Al dar las 9 con 36 minutos, el artista tomó su guitarra: “devuélveme el amor que me arrebaste, o entrégaselo, lo mismo me da, al abajo firmante”, y los gritos de los asistentes fueron de menos a más, pues al concluir la interpretación, las luces se apagaron, para luego desear “suertecita” a todos. “Las chingadas ganas de llorar”, “Alaska” y “Apuesta por el Rock n Roll”, también tuvieron su turno.
Como si de una broma de buen gusto se tratara, “Sí”, retumbó tres veces; en la primera ocasión, la gente se emocionó, Copi Corellano sonrió; en la segunda, los bunburyanos soltaron una carcajada, porque de nueva cuenta, el tema se interrumpió de forma abrupta; para la tercera llamada, el auditorio estalló entre gritos y aplasos; grandes y chicos corearon “cariño, mi vida, criatura de rubí”, y Bunbury remató: “ante la duda, solo les pido un sí, Chicago, muchas gracias”.
“Sácame de aquí”, fue un grito de auxilio que expresó Bunbury, para pedirle a sus seguidores que no lo dejaran solo, mientras que “Enganchado a ti”, sirvió de puente para que Enrique presentara gustoso a los miembros de la banda que lo acompañó durante los primeros años de su carrera como solista, con quien, además, lanzó al mundo musical, discos como “Radical Sonora”, Flamingos” y “El viaje a ninguna parte”.
Un escenario completamente azul envolvió la atmósfera, Bunbury sacó del baúl de los recuerdos “Lady Blue”. Al concluir la canción, el cantante se dirigió a su público: “he visto pasar una caja de chelas, ¿puede ser?, una ronda para todos, ¡invito yo!; ¡no, en serio, eh!, lo de las chelas, tampoco somos tantos ¿no?, luego, entre estrofas reprochó: “accciones y facciones que no me convencen y el reflejo está loco de atar, todo este abanico de pantomimas, todas las risas, todas las rimas; no conseguiran engañarnos a todos, aunque a veces parecemos tontos”, frases que forman parte de la canción “Parecemos tontos”.
Las siguientes canciones fueron: “Serpiente”, “El Viento a Favor” y “El Jinete”, tema del mexicano José Alfredo Jiménez, quien a decir del mismo Bunbury, es uno de sus cantantes favoritos, porque con sus canciones puede llorar; para finalizar el concierto, intepretó “Al final”, donde aprovechó para despedirse de sus seguidores: “mexicanos, españoles, venezolanos, nicaragüenses, centroamericanos, sudamericanos, caribeños, latinos, todos, muchísimas gracias por acompañarnos esta noche, les queremos, hasta siempre”.
Tras mencionar las nacionalidades de sus diversos seguidores, El Huracán Ambulante se reunió en el centro del escenario y con un abrazo fraterno, agradecieron la asistencia de los bunburyanos. Enrique sonrió y envió besos a su fans, para después, desaparecer entre la oscuridad de la noche.
Bbian Abigail
